Cosas que pasan

 

Con excepción de una colección de cuentos de juventud de Lawrence Block, llevo un par de semanas sin leer nada que me entusiasme lo suficiente como para escribir al respecto. Quienes hayan leído a Block (famoso por sus muchísimas novelas de corte negro-criminal entre las que destacan las de personajes como Matthew Scudder, Evan Tanner y Bernie Rhodenbarr), encontrarán en estos primeros relatos los indicios de la que se convertiría una de las narrativas policiales más sólidas y divertidas de la segunda mitad del siglo XX. Pero, por lo demás, aunque todos los textos contenidos en One Night Stands & Lost Weekends se disfrutan sin problemas y rara vez cansan, ninguno destaca por su originalidad. Se entiende que son los primeros intentos de un muchacho que está a punto de crear un mundo propio (los escribió antes de cumplir 25 años) y, eso sí, es sorprendente presenciar en esos cuentos cómo un escritor se va educando en una mitología cuyas reglas están bien establecidas. Quiero decir que en toda esa variedad de historias, Block ensaya los diferentes personajes permitidos en el género, así como las circunstancias en las que pueden operar y sus modos, desde el matón improvisado hasta el detective privado, pasando por el traficante de drogas y la mujer fatal. Como mucha vieja literatura policiaca norteamericana, este libro me ha dejado también la nostalgia por una Nueva York  que ya no existe y que nunca conocí. Quienes la vivieron, aseguran que era la mejor ciudad del mundo.

Pero como decía, fuera de este libro -ideal para leer en las horas muertas, en el autobús o por las noches-, han sido demasiados días sin lecturas excitantes… mucho de lo mismo de siempre que ya cansa ha pasado por mis ojos y no pienso perder el tiempo ni en ellos, ni despotricando contra ellos. Esta no es una situación rara; de hecho, creo que nos la pasamos leyendo más cosas que no nos mueven a nada que libros que nos impulsan a seguir pensando. Internet suele ser un salvavidas cuando esto sucede, porque en la facilidad del clic clic clic, uno busca hasta que encuentra. O te encuentran sin buscar que no es lo mismo y está muy bien. Por ejemplo, si no fuera por la divina providencia del hipervínculo, nunca me hubiera encontrado con esta reciente confesión de mi siempre admirado J.M. Servín, donde se define honestamente y con una claridad impresionante, desde la perspectiva de su trabajo. En la misma revista, pero antes, apareció también un artículo interesante de la escritora Valeria Luiselli sobre el estado de la cuestión de la crítica literaria mexicana. Es un buen punto de partida para iniciar una discusión que no es urgente (casi ninguna discusión lo es) y tengo muchas ganas de escribir algo en continuidad (y algo de replica) de sus ideas, pero con todo el tiempo que me falta tendré que esperar (cuando lo escriba, pienso publicarlo en Deliberación para retomar mi abandonadísima columna “La literatura mexicana de hoy”). Luiselli, como mucha otra gente con la que me he topado últimamente, tiene ideas que parecen ciertas pero podrían no serlo son tanto, preocupaciones válidas y juicios bastante bien formados. Textos como los apenas referidos me gustan sobre todo porque invitan a reflexionar seriamente sobre la labor del escritor y la función del lector, que en resumen son los pilares del campo literario y que en México debe ser urgentemente saneado de tanta intrascendencia y mediocridad (sí, me refiero a asuntos como el Alatristegate, una vergüenza sobre todo en el sentido que nadie -ni los unos ni los otros- se puso a discutir literatura).

Así pues que, de entre las cosas que pasan y se leen (o se ven o se ecuchan) y en el frenesí de lo mucho pueden perderse, también hipervinculo aquí una de las entradas de blog más interesantes que ha publicado Huchín Sosa, sobre las versiones de Alicia (también está suave su cuento interactivo, aunque me parece muy derivado de Francisco Hinojosa); un ensayo que me gustó sobre Abismos de pasión (una de las películas más maltratadas del archivo Buñuel), escrito por mi querido amigo y cómplice Rodrigo Pámanes; el documental biográfico “poeta del espacio“, sobre el escultor madrileño Juan Muñoz; este artículo sobre la situación de la lectura en español en los Estados Unidos; y un resumen comprensivo sobre cincuenta pares distintos de tenis Nike que llevó Jerry Seinfeld mientras se transmitía su programa.

Entre las cosas que me han entusiasmado mucho en la red, están esta noticia sobre un piloto de los Muppets dirigido a audiencias adultas; “Borraska”, un blog con ánimo de fanzine donde están escribiendo cómo era mundo ante de Google y hay algunas entradas buenas, como la de José Ovejero; el videíto del niño que se entera por primera vez de que Darth Vader es el -spoiler alert- papá de Luke Skywalker (cómo habré reaccionado yo cuando lo supe; por cierto, está suave ver La amenaza fantasma en cine tantos años después); el disco nuevo de la banda de Mark Lanegan (y aquí el sencillo promocional); esta banda que no conocía que se llama Los Chiquitiwow (esa de “Ni le sabes al cerebro“, es un rolonononón); y en la misma onda musical, lo del disco nuevo de Descartes a Kant…Bueno, ya voy a pararle.

¡Ah! Antes de que se me olvide, no quiero recomendar la nueva película de Ghost Rider que fui a ver muy emocionado al pre-estreno la semana pasada, pensando en lo genial que sería el trabajo del equipo Neveldine-Taylor (y quién no, si son los responsables de Gamer y las de Crank, cintas que considero el statement de lo que debe ser el cine de acción hoy en día, junto con el nunca suficientemente valorado trabajo de Zack Snyder). Fuera de un par de chistes, algún buen detalle de la cinematografía, la actuación de Idris Elba y los ojos de Violante Placido (talentosa cantante italiana de despampanante belleza, tardíamente descubierta por Hollywood), esta Spirit of Vengance es una perdida de tiempo: el guión es demasiado enclenque y no permite que los personajes terminen de construirse ni sus motivaciones se desarrollen del todo.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>