Durante ningún año, y tampoco durante una vida entera, uno llega a leer todo lo que hay o todo lo que quiere. Sin embargo, 2010 ha sido para mí un año especial porque pude leer mucho más de lo que hice en los tres o cuatro años anteriores. Por lo tanto, no me parece una desgracia que el altero de libros sin leer en mis libreros crezca semana tras semana. Soy paciente y sé que llegaré a ellos, aunque en el proceso se sigan acumulando libros y más libros. Es por eso que me resulta interesante, casi imprescindible, asomarme a las listas de los “mejores” libros que otros han leído durante este año. No solo para comparar y constatar lecturas y apreciaciones, sino también para priorizar futuras próximas lecturas en relación a las recomendaciones de otros lectores en quienes confío. Por fortuna para los entusiastas de los libros, a diferencia de los que se abocan exclusivamente a la música, al cine o a casi cualquier otra cosa, nuestras listas nunca son propuestas como absolutas o inamovibles. Es decir que nunca se articulan desde la urgencia impositiva de “lo mejor” contra “lo peor”. Más bien se elaboran desde la premisa de lo inabarcable y se proponen como guías comprensivas del propio trayecto por la literatura reciente. Para los interesados, en el blog de Hermano Cerdo varios escritores elaboran sus propios listados de forma comentada. También Bef, en su blog monorama, hace lo propio. Yo aquí anoto mis lecturas favoritas, en forma de resumen.
No seré el primero en decir que Providence (Anagrama, 2009) de Juan Francisco Ferré , puede ser considerada la novela del año (lo fue también del año pasado). Quizá de la década, en lo que corresponde a la literatura hispanoamericana. La trepidante y compleja aventura de su personaje, Alex Franco, transita por lugares y motivos de un presente que hemos ido construyendo por más de un siglo, dislocándolo de la modernidad más aferrada, desde el momento en que, como narración consciente de su cronotopo hipermoderno, desarticula perversamente antiguallas epistemológicas como “novela”, “realidad”, “modernidad”, “ética” o “contrapunto”. Y es que ya lo han dicho otros: Providence es más que una novela . En la mera cuestión narrativa, yo la calificaría como un relato multiplicado en sí mismo a través de yuxtaposiciones conscientes de los diversos registros y las diferentes facetas que tiene lo “real” del siglo XXI: un momento finalmente echado todo hacia el ciberespacio, pero extendido a todas las particularidades individuales con que el hiperviculado exterior se vuelve parte indivisible de uno mismo. La linealidad de la anécdota (que la tiene y es evidente), se transmuta en múltiples linealidades, alteradas y bifurcadas constantemente gracias a la perspectiva mutable que los “usuarios” hipermodernos (es peligroso decirlo, pero quizá ya no somos individuos, sino exclusivamente “usuarios”) tenemos de los diversos medios y actitudes sensibles con que nos acercamos y nos relatamos diariamente la vida. Del cine al videojuego, a la fantasía sexual y a la droga; del fracaso al deseo escapista, de la literatura a la publicidad, del contacto humano al hipervínculo y de ahí a la pesadilla y al viaje trasatlántico… Providence es el resumen de como nosotros yuxtaponemos igualmente todas esas experiencias y las traducimos en un solo relato, que es nuestra vida. Y Ferré lo escribe con una maestría narrativa brillante, que no abandona ni el buen humor ni los cuestionamientos filosófico y antropológico de nuestra realidad hipersignificada (o hipervinculada), ni se deja aparte los guiños a los registros compartidos y reconocibles.
Para quienes nos encontramos inmersos en el mundo académico, especialmente para los dedicados a las literaturas en español, la peninsular (ese es el horrible adjetivo con que se le estigmatiza, para apartarla de la de nuestro continente) es usualmente denostada y tachada injustamente de un arcaísmo realista que ya no posee (y que, siendo francos, quizá no poseyó tanto como quisieran los hijos del boom). La obra de Ferré, y no solo Providence, sino sus otros títulos, como La fiesta del asno (DVD, 2005), es una prueba fehaciente de ello. Como también lo es, entre otras, la más reciente novela de Vicente Luis Mora, Alba Cromm (Seix Barral, 2010), una deliciosa lectura que muta su aspecto esperado por el de una revista, con portada y publicidad incluidas. En esta novela, presentada como un fascículo especial de una publicación para hombres (y adolece, por cierto, de un afiche central con alguna modelo exuberante), los lectores disfrutamos de un extenso y bien conseguido thriller de reminiscencias tanto cinematográficas como literarias; ésta es la verdadera novela negra de nuestra época, un relato de género revalorado desde la hipermodernidad. Un somero resumen diría que Alba Croom es una novela de aventuras sin miedo al best-seller, pero que no se abandona a la facilidad de la fórmula. Y no lo digo sólo por su forma y su estructura, sino porque la narración se arroja a un final ambicioso que, como en la mejor literatura, atenta contra la novela misma; la cuestiona, la pone en entredicho y la significa desde un lugar que no es ella misma: otras novelas, otros registros que nos son conocidos… No digo más porque espero, realmente, tener pronto tiempo de escribir profusamente sobre esta novela que, desgraciadamente, todavía no se consigue en México (a diferencia de Providence que se encuentra en casi todas las librerías y de la que también quiero abundar próximamente).
En la línea de Ferré y de Mora, el mexicano Alberto Chimal se enfrenta desde la literatura a una realidad que ya no es la que la tradición nos ofreció como inmutable. Chimal es un caso extraordinario en la literatura mexicana reciente, debido a que logró su sólido prestigio como cuentista, un género que a pesar de su raigambre en nuestro país (nuestros mejores escritores han sido en algún momento cuentistas), no tiene el favor del mercado. O eso creemos popularmente y por eso pensamos que, como se dice por ahí, los cuentistas “no la hacen”. Chimal “sí la hizo” y “la sigue haciendo”, además de que su blog debe ser el más popular en México de entre los que escriben sobre libros . Su primera novela, Los esclavos (Almadía, 2009), fue la constatación de que su calidad como narrador es muy superior a la media de los escritores de este país. Posee un imaginario riquísimo del que elige las anécdotas más circunstanciales, para construir relatos de una complejidad muy significativa. Partiendo de esto, puedo decir que una constante en su literatura es la exploración de los deseos y las funciones del individuo. En el caso de Los esclavos, esta exploración la realiza desde la disección de dos situaciones sexuales muy prolongadas, en las que sus escasos personajes se educan (o re-educan) para funcionar en sus respectivas realidades particulares. Ambas anécdotas están significadas desde el valor único del sexo y la sumisión de un individuo a otro que, en palabras de Lipovetsky, sería un hipernarciso. Y como Narciso mismo, esta fulminante y corta narración logra establecer entre sus personajes y sus anécdotas, y luego con los lectores, una constante condición de espejos que simula, muy bien, nuestra cotidiana condición de reflejo. Estructurada en tres tiempos, Los esclavos es una novela implacable que cabe en el espectro de una nueva literatura naturalista, sin afanes moralistas o sensores. Chimal expone o, mejor dicho, nos expone a dos anécdotas hiperviolentas que, sin embargo, no causan molestia alguna porque logra presentarlas como totalmente reconocibles o comprensibles. En colindancia con las formas y los registros del mundo actual, no nos sensibiliza hacia un problema, sino que nos confiere el lugar del testigo mudo que recibe información como quien mira a un escaparate. En Marlene y Yuyis, Golo y Mundo, Chimal expone lo extremo sin censurarlo, comentándolo como si fuera una nota al pie explicativa de ciertas actividades de nuestra realidad.
No menciono en esta especie de lista dos novelas de 2009 solamente porque las leí en 2010, sino también porque, tanto Providence como Los esclavos, se convirtieron en los parámetros desde donde medí y valoré mis lecturas de este año. Creo que cada una, desde sus circunstancias y sus condiciones, pueden pensarse como los parteaguas de sus tradiciones particulares; es decir, que son la puerta de entrada al presente y al futuro inmediato de las novelísticas española y mexicana. Me conviene hacer aquí una advertencia: por cierto y por desgracia, como muchos otros lectores condicionados por lo que se encuentra en librerías o por la recomendación (o el préstamo) casual, ignoro mucho de lo que se está escribiendo en otras latitudes del español. No es mi culpa. Lo he dicho millones de veces en privado y en el café: tráiganme los libros y yo los leo. Un lector no puede y no deber ser siempre un Mahoma yendo a la montaña (con respeto). Más difícil me ha sido en los Estados Unidos el hacerme de novedades, condicionado como he estado a lo que se encuentra solamente en bibliotecas. Menciono esto al paso para que se recuerde que: nos urge hacernos de una verdadera red de lecturas y ediciones que multiplique las posibilidades de libros y autores para ser leídos en otros países (¡en otras ciudades!) que hablan su mismo idioma.
Considerando lo dicho, junto a Providence, Alba Cromm y Los esclavos, el 2010 me fue un año rico y diverso en lecturas. En este blog, en vísperas de mis resucitadas Jornadas de detectives y astronautas, reseñé a tropezones la primera novela de Benito Taibo, Polvo (Planeta, 2010), que me parece de lo mejor del género detectivesco en nuestro país. También la primera novela de Bibiana Camacho, Tras las huellas de mi olvido (Almadía, 2010), que considero una buena promesa de lo que nos traerá esta escritora en el futuro. Su libro de cuentos, Tu ropa en mi armario (Jus, 2010), refrenda esa promesa y me deja a la expectativa de su porvenir como contadora de historias, de una calidad literaria impresionante. Camacho ha logrado lo que muchos grandes escritores: consolidar en la brevedad la complejidad de un imaginario extenso donde el individuo se enfrenta a sí mismo mientras sucede y se sucede en el mundo y en el tiempo. Cada uno de los cuentos de Tu ropa en mi armario recuerda la larguísima tradición del extrañamiento como herramienta para explorar intuitivamente nuestros propios sentimientos y nuestra condición de unicidad en la realidad. Una cuentísitica excepcional que, como mencioné antes, demuestra que el relato breve es el género donde nuestros mejores narradores funcionan con mayor comodidad.
Tal es el caso, también, de otro de los mejores libros mexicanos que leí este año: El tiempo apremia (Almadía, 2010), de Francisco Hinojosa, un volumen trazado desde la línea del humor y el sarcasmo, con la sensibilidad de los mejores ironistas de todos los tiempos. Quien conoce la obra de Hinojosa, sabe que esa visión pícara y crítica que conduce a la risa, es parte de las armas literarias del autor. En El tiempo apremia, sin embargo, el humor negro se recrudece y presume mayormente su agudeza cuando se le pone en la mesa de novedades a un lado de todos esos libros celebratorios de nuestro Bicentenario.
Debo hacer mención que Almadía , la casa editorial mexicana afincada en Oaxaca, demostró una vez más este año que publica de lo mejor que hay en México. Chimal, Hinojosa y Camacho, son tan sólo tres de los autores cuyas novedades he considerado entre mis lecturas favoritas de este año que termina. Pero esta lista se agranda cuando recuerdo que D.F. Confidencial de J.M. Servín también fue publicada por ellos en 2010. De esta compilación de crónicas de Servín, uno de los escritores que no me cansaré de mencionar como de mis favoritos en México, ya escribí algo en este blog, cuando anticipaba su presentación en la ciudad de Monterrey. Debo volver pronto a esa reseña, escrita con prisas y que debo matizar una vez transcurridos varios meses de la primera lectura. No reniego, sin embargo, de mi consideración original, repetida durante la presentación del libro que se puede ver en esta serie de videos tomados el pasado octubre , en donde considero a D.F. Confidencial como el mi libro mexicano favorito de 2010. Servín es uno de nuestros pocos autores que, en lugar de acumular libros, está abocado a la construcción de una obra integral y contenida en sí misma. Sus crónicas están fuerte e íntimamente ligadas a sus novelas y cuentos, y con cada publicación su universo se enriquece y complejiza más y más. Uno de sus mayores valores y logros estilísticos, es que logra capturar y reflexionar la violencia sin medias verdades, sin artefactos falsarios y con una completa comprensión del individuo arrojado a una realidad de crudeza y desasosiego implacables.
Además de D.F. Confidencial, Servín publicó un cuento este año en la antología Negras intenciones (Jus, 2010), compilada por Rodolfo J.M., y que es un muestrario de los mejores narradores de género negro en México. De lo único que adolece esta compilación es de la falta de un prólogo más extenso y explicativo, que me parece necesarísimo para entender el universo literario de lo noir mexicano, que es uno de los que más producen obras anualmente. Para el lector interesado, Negras intenciones se complementa perfectamente con otra antología, Viajeros. 25 años de ciencia ficción mexicana , compilada por Bernardo Fernández Bef y aparecida en el segundo semestre de 2010. Por fortuna, creo, ya no estamos en posición de defender la existencia y permanencia de este género en México, y la antología es una muestra contundente de ello (antes ya lo habían sido, aunque con menor fortuna, las colecciones Visiones periféricas, de Miguel Ángel Fernández y el tributo a Philip K. Dick, El hombre en las dos puertas). Además de clásicos y nuevos cuentos, el volumen viene con una nota final de Alberto Chimal y, en general, con la constatación de que Bernardo Fernández Bef es uno de nuestros escritores más activos, ricos e interesantes. De él, para cerrar el año, tuvimos la fortuna de recibir Espiral, una novela gráfica muda de la que ya publiqué una reseña en este mismo blog .
Vaya, veo que he escrito mucho y me he extendido demasiado en algunos puntos. Considero que era necesario, pero dudo de que alguien tenga la paciencia de seguir leyendo (y yo de seguir escribiendo por ahora). Por lo tanto, dejo esta entrada con una lista de los 18 (+1) títulos que, sin lugar a dudas, considero mis lecturas favoritas de este año. Anoto solamente novedades. Ojalá que quien haya llegado hasta el final de esta entrada, me comparta sus libros de 2010 para enriquecer mi librero. El segundo paréntesis señala el país de edición.
- Providence (Anagrama, 2009), de Juan Francisco Ferré (España)
- Alba Cromm (Seix Barral, 2010), de Vicente Luis Mora (España)
- Los muertos (Mondadori, 2010), de Jorge Carrión (España)
- Dublinesca (Seix Barral, 2010), de Enrique Vila-Matas (España)
- Los esclavos (Almadía, 2009), de Alberto Chimal (México)
- D.F. Confidencial (Almadía, 2010), de J.M. Servín (México)
- 8:8 El miedo en el espejo (Almadía, 2010), de Juan Villoro (México)
- Espiral (Alfaguara, 2010), de Bernardo Fernández Bef (México)
- El tiempo apremia (Almadía, 2010), de Francisco Hinojosa (México)
- Hotel DF (Mondadori, 2010), de Guillermo Fadanelli (México)
- Tu ropa en mi armario (Jus, 2010), de Bibiana Camacho (México)
- Malasuerte en Tijuana y El infierno puede esperar (Mondadori, 2009 y 2010), de Hilario Peña (México)
- Polvo (Planeta, 2010), de Benito Taibo (México)
- Viajeros. 25 años de ciencia ficción mexicana (Jus, 2010), compilado por Bef (México)
- Point Omega (Scribner, 2010), de Don DeLillo (Estados Unidos de Norteamérica)
- Freedom (Farrar, 2010), de Jonathan Franzen (Estados Unidos de Norteamérica)
- The Idea of Communism (Verso, 2010), editado por Slavoj Žižek y C. Douzinas (Reino Unido)
- El sujeto dialógico. Negociaciones de la modernidad conflictiva (FCE y Cátedra Alfonso Reyes del ITESM, 2010), de Julio Ortega (México)
Joserra Ortiz, Brown University